Ya no hay arte en las entradas

Desde que las grandes superficies y empresas especializadas han visto el negocio en la venta de entradas para eventos, éstas han perdido toda su gracia. Recuerdo antaño la ilusión con la que ibas a comprar la entrada para ese concierto que tanto habías esperado. Bien es cierto que el evento en sí ya tenía su significado pero la entrada iba más allá, la entrada te iba a acompañar probablemente el resto de tus días, la entrada es lo que enseñabas orgulloso años después a tus amigos. Aquel pequeño trocito de papel mostraba, emocionándote, que habías asistido a tal o cual concierto.

¿Y ahora? ¿qué se enseña? ¿esas malas fotocopias que salen de esas infernales máquinas? Lo mismo da que sea para un concierto de Teenage Fanclub que para uno de Manolo Escobar, la entrada va a ser igual, variará como mucho el nombre, el lugar y el precio. ¡Qué Horror! De unos años para acá me cuesta acordarme de cual fue la última que guardé como un tesoro, la última que provocó mis amenazas al portero si me la rompía más de la cuenta…creo que fue la del Freakland en cuanto a festivales y la de Sidonie, en cuanto a conciertos, ¡que ya llovió! Señores, no perdamos esta buena costumbre. Comprendo que la informatización obliga a la alienación pero, perder la esencia del arte, que se pretende demostrar sobre un escenario, no es comprensible. Todo por la pasta. ¿Qué será lo siguiente? ¿Las carátulas fotocopiadas? Ole por los pequeños grupos que siguen empeñados en hacer que las entradas de sus conciertos sean especiales. Así ellos también lo son, al menos para mí.

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