Del walkman al ipod

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Ya han pasado 30 años desde que Pavel, un loco visionario, en 1979 tuviera la idea de que sería estupendo poder llevarse la música que uno quiere escuchar allá donde vaya. Llegó el walkman.

Como todo lo novedoso, levantó ampollas en aquellos que preveían al hombre como un ser solitario y aislado entre la multitud. También como todo, se fue asimilando hasta convertirse en un producto casi imprescindible en esos momentos de soledad irremediable sobre todo en desplazamientos por las grandes ciudades.

Los que sólo han conocido o utilizado el ipod no creo que puedan imaginarse la cantidad de horas y horas que nos pasábamos delante de nuestro equipo de música para hacer una casete que tuviera la música variada, que nos gustara. No era fácil, muchas veces el único lugar del que podíamos sacarla era la radio si no venía el locutor de turno y te la pisaba con sus banales palabras. Con lo fácil que es ahora, ¡madre mía!

La mejora ha sido notable pero desde luego, aquellos momentos que alguien dedicaba a hacerte una “cinta” que te dejara con la boca abierta no tienen precio. Por supuesto yo todavía conservo todas y cada una de ellas, no las escucho en el walkman pero sí en mi coche que todavía es “de esos” que tienen hueco para meter una casete. ¡Qué delicia de cintas! ¡gracias amigos!

Vía: El pais