Hoy quiero dedicarle el post a los trabajadores de los centros comerciales porque, sobre todo en estas fechas, despiertan a mí toda mi compasión por sufrir, día tras día, la tortura de escuchar por los cuatro costados los mismos putos villancicos durante ocho o más horas de los seis o más días de las tres o más semanas de las Navidades. Tremendo.
Quizá yo sea un caso extremo, lo reconozco, pero sólo pensar en tener que vivir esa experiencia se me ponen los pelos como escarpias. No lo soporto. No soporto ir a comprar y, vayas donde vayas, estar acosado por unas canciones que por la propia salud de sus oyentes tenían que estar prohibidas. Y no, no me vengan ahora los defensores a ultranza de la Navidad diciéndome que soy una antisocial. Mis opiniones al margen, no tiene que ver con esto, hablo de salud, de salud mental. No hablo ...